Horóscopo científico

Pintan bastos para quienes cumplen años de aquí a diciembre: “Nervios al rojo vivo. Posibilidad de desarrollar una alergia alimentaria”. Tal premonición no tiene nada de astrológica, y eso que insinuar que nuestro destino de alguna manera está decidido por el momento en que nacimos, podría parecer una patraña para la ciencia.
deportistas en verano, médicos en enero
Diferentes universidades y reputados grupos de investigación están recabando datos que atestiguan que el mes de nacimiento, y más si cabe la estación, determina si en el futuro seremos optimistas o negativos, fuertes o enclenques, brillantes o mediocres…  Sobre todo, ponen de manifiesto que la enfermedad está relacionada con la exposición a ciertos factores ambientales que varían a lo largo del año.
Las últimas investigaciones han descubierto incluso que el mes contribuye a determinar por qué profesión optamos. Un equipo de  
la Oficina Nacional de Estadísticas británica anotó el mes en que nacieron personas dedicadas a 19 trabajos distintos, desde peones hasta presidentes de compañías. Descubrió que los deportistas y físicos habían nacido casi todos durante el mes de septiembre. En enero abundan los médicos. En febrero, los artistas. En marzo, los pilotos y los músicos. En septiembre nacieron 22 premios Nobel de la Paz. Los nacidos a finales de año han tenido  que conformarse con peores puestos… y salarios más reducidos.
¿Casualidad? “El mes en que se nace puede afectar a las oportunidades de vida, la longevidad, la estatura, el éxito y la predisposición a desarrollar enfermedades”, indica Russell G. Foster, catedrático de Neurociencia Molecular del Imperial College de Londres y uno de los autores de este estudio.
Pero si esto es así, ¿por qué el ser humano no busca los meses más favorables para procrear? En cierto modo, lo hace. En junio, por ejemplo, se observa un repunte de la natalidad. Foster no descarta una razón evolutiva que tiene que ver con el pasado, cuando el hombre posiblemente tenía una reproducción estacional. “Puesto que los hijos consumen muchos recursos, era preciso calcular bien el momento de tener descendencia, con suficiente comida disponible”, afirma.

En España, un estudio de la Universidad de Granada sobre el ciclo de nacimientos en la población andaluza entre 1941 y 2000 observó que hasta 1960 los máximos en nacimientos se alcanzaban en los meses de invierno, mientras que la concepción aumentaba en abril y mayo, aprovechando que los días tienen más horas de luz natural. A partir de ese año, se pierde la estacionalidad y la concepción alcanza su máximo en las fiestas navideñas. No en vano, las ventas de preservativos en estas fechas superan cualquier previsión.

 

Concebir a la luz del sol

Si hubiera que elegir un mes algo más idóneo para nacer o procrear, sería julio. De hecho, según la clínica de reproducción asistida Ginefev, en ese mes los tratamientos de fertilidad se incrementan un 12%. “Es una época óptima para iniciar un embarazo, puesto que facilita los dos parámetros recomendados: ingesta diaria de frutas y verduras, y relajación para evitar el estrés y el desequilibrio hormonal que dificultaría la ovulación”. Por el contrario, nacer en abril, según un estudio de la Universidad de Texas, conlleva mayor propensión al alcoholismo y desórdenes de alimentación.
El neurólogo británico George Ebers, de la Universidad de Oxford, halló una incidencia un 50% mayor de la esclerosis múltiple en los niños nacidos en dicho mes que en los que lo hacen en noviembre. Podría deberse a que parte de la gestación transcurre en invierno, con pocas horas de luz.
Algunos autores sugieren que la luz solar desempeña un papel activo en las primeras etapas de vida como portadora de vitamina D, por lo que su ausencia podría tener consecuencias nefastas para la salud.
Según recoge Russell Foster en su libro Seasons of life, los nacidos entre abril y junio viven unos 101 días menos que la media, mientras que los nacidos en la segunda mitad del año aumentan su longevidad 115 días.
Otro investigador, Daniel Rock, de la Universidad australiana de Western, encontró que el déficit de sol se acusa en el temperamento de un individuo que nace en estos meses, que será más impulsivo. Esto se agudiza en las regiones de altas latitudes, donde las variaciones de la luz solar son más extremas. Aunque en la costa noruega la incidencia es más baja, ya que esa carencia se compensa con una dieta rica en aceite de pescado, abundante en vitamina D.
Poseer huesos fuertes y menos propensos a las fracturas también depende de dicha vitamina, imprescindible para la absorción del calcio y el fósforo. Y tal privilegio lo tienen las personas cuya última etapa de gestación ha transcurrido con una buena dosis solar. La Universidad de Bristol comprobó, además, que los niños nacidos en verano, al llegar a la adolescencia sobrepasan en estatura la media de su generación: medio centímetro.

 

Los riesgos primaverales

Otro ejemplo de biología estacional son las alergias alimenticias. Según un estudio de la Universidad de Oulu, en Finlandia, los niños cuyos tres primeros meses de gestación coinciden con la primavera son más propensos a desarrollarlas. En la investigación participaron casi 6.000 bebés. El 18% dio positivo en alergias alimentarias antes de los cuatro años de vida, y de ese porcentaje, un 10% había nacido entre octubre y noviembre. Es decir, la undécima semana de gestación coincidió con la primavera, cuando los niveles de polen ambiental alcanzan su momento máximo. Si el primer trimestre de embarazo concluyó en abril o mayo, el niño era más propenso a una alergia a la leche y los huevos. Esto ocurre porque hacia la undécima semana de gestación el feto comienza a producir anticuerpos a los alérgenos.
peligro, pero menos
Pese a todo, ningún mes supone una amenaza hostil. Y la mayoría de las veces tiene una explicación elemental. Vivir, por ejemplo, cerca de una red de carreteras hace que la madre esté expuesta a toxinas y ruidos. En estas condiciones, los niños nacen con una predisposición elevada a padecer asma.
Se han hecho tantas investigaciones que algunas parecen contradictorias. En un estudio de la Universidad de Harvard han encontrado ventajas en estatura e inteligencia en los niños nacidos en invierno. Por otra parte, en la Universidad de Bristol, una investigación similar favorecía a los bebés que vienen al mundo en verano.
Pese a todo, si algún provecho puede sacarse de todas estas investigaciones es, como apuntó el demógrafo Leonid A. Gavrilov, que: “Las condiciones en la gestación podrían tener consecuencias para la salud y longevidad de una persona”. Sobre todo, arrojan una información útil que podrían usar las familias para decidir cuándo tratar de concebir si existe predisposición genética a ciertas enfermedades.

 

 

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