Ya-no-mami

Ayer retrasmitieron un documental sobre la cultura yanomami pero la pregunta que nos podía asaltar era: ¿es esa la visión del observador?¿ desde qué perspectiva se observó a esa tribu? ¿puede existir un sesgo idealizado del buen salvaje que oculta la violencia de origen mitológico que atraviesa la piel de la mujer yanomami? 

Los Yanomamis, una tribu situada entre la frontera entre Brasil y Venezuela, son considerados como uno de los grupos más primitivos más belicosos y agresivos del mundo, donde cerca del 15% de su población muere como consecuencia de enfrentamientos. En el momento que un yanomami alcanza la madurez, su cuerpo está cubierto por heridas y cicatrices, consecuencia de innumerables peleas, duelos e incursiones militares. Aunque desprecian a la mujer, dado que es una sociedad fuertemente machista, la mayoría de las peleas se originan por actos reales o imaginarios de adulterio o por promesas incumplidas de proporcionar esposas.

También el cuerpo de la mujeres se halla cubierto de cicatrices, fruto de de encuentros violentos con seductores, maridos y/o violadores. De hecho, el estatus entre las mujeres se mide según la frecuencia de las pequeñas palizas que les propinan sus maridos. Todos los hombres yanomami abusan de sus esposas, desencadenándose la violencia sin que medie provocación alguna. Los esposos amables sólo las magullan y mutilan, mientras que los feroces las hieren y matan. Como sucede con otras culturas machistas, los yanomami creen que la sangre menstrual es mala y peligrosa, por lo que encierran a las muchachas que tiene su primera menstruación en una jaula, y las obligan a pasar sin alimentos.

Como sucede en las tradiciones judeocristianas, los yanomamo justifican el machismo con el mito de sus orígenes. Al principio en el mundo, dicen, sólo había hombres feroces, hechos con la sangre de la Luna. Uno de estos primeros hombres cuyas piernas quedaron embarazadas se llamaba Kanoborama. De la pierna izquierda de Kanaborama salieron mujeres y de su pierna derecha hombres femeninos: los yanomamo que son reacios a los duelos y cobardes en el campo de batalla.

Puede resultar una geneaología un tanto disparatada, pero recordad que Eva procede de una costilla de Adán, por ejemplo.

Sin embargo, lo verdaderamente interesante de esta sociedad es la reacción de las mujeres ante su situación. No hay quemadoras de sujetadores. Tampoco hay sumisión sin más. Lo que hay es otra cosa aún más insólita.

Las mujeres yanomamo esperan  ser maltratadas. Es más, su estatus como mujer se mide por la cantidad de maltrato que han sufrido, como si sus medallas al honor fueran hematomas y sus cicatrices, bellos adornos con los que sentirse más deseadas que sus competidoras.

La doctora Judith Shapiro, profesora de la Universidad de Chicago, por ejemplo, fue testigo de una discusión entre dos mujeres jóvenes que se enseñaban mutuamente las cicatrices de su cuero cabelludo.

Una de ellas le decía a la otra cuánto la debía querer su marido puesto que la había golpeado en la cabeza con tanta frecuencia. Al referirse a su propia experiencia, la doctora Shapiro cuenta que su condición sin cicatrices y sin magulladuras suscitaba interés de las mujeres yanomamo. Afirma que decidieron “que los hombres a los que había estado vinculada no me querían en realidad bastante”. Aunque no podemos concluir que las mujeres yanomamo desean que se las pegue, podemos decir que lo esperan. Encuentran difícil imaginar un mundo en el que los maridos sean menos brutales.

 Para saber más os recomiendo el capítulo titulado “El macho salvaje” del libro de Marvin Harris titulado: VACAS,CERDOS, GUERRAS Y BRUJAS.

 

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