Comprad, comprad malditos

LA ALIENACIÓN EN LAS SOCIEDADES TECNOBUROCRÁTICAS

EL ESTADO DE BIENESTAR: ALIENACIÓN EN LAS SOCIEDADES             TECNIFICADAS. 

 

0.-INTRODUCCION

            El propósito de este tema es analizar la sociedad postindustrial, y que se ha denominado de diversas maneras: sociedad del bienestar, sociedad del consumo de masas, sociedad tecnotrónica, sociedad de la información…Cada caracterización señala un aspecto relevante de nuestra sociedad, nosotros nos centraremos en la primera de las caracterizaciones .

            No podemos obviar que esta sociedad, la llamada sociedad o Estado del bienestar ha procurado para quienes  disfrutan de la misma, un nivel de vida y satisfacción de las necesidades superior a cualquier otro que se haya dado en la historia. Pero tampoco podemos olvidar que esa satisfacción tiene altos costes, que son los que aquí intentaremos poner de manifiesto.

            Antes de pasar directamente al análisis de las formas fundamentales de alienación debemos señalar los rasgos característicos de la sociedad actual. Pueden señalarse los siguientes rasgos:

  1. La democratización del consumo.
  2. Los trabajadores no son ya principalmente productores, sino también consumidores.
  3. Los adelantos científicos y tecnológicos constituyen un  factor fundamental en la organización de la vida económica y social.
  4. Como consecuencia de lo anterior, aparece lo que se ha denominado “tecnoestructura” y surge una fuerza de trabajo especializada: los técnicos y ejecutivos.
  5. Consolidación de la economía capitalista a nivel mundial y configuración de los EEUU como potencia hegemónica desde el punto de vista militar-industrial. Aumento del poder de las empresas multinacionales y concentración del poder económico.
  6. Desarrollo y difusión de los medios de comunicación de masas, que sirven como instrumentos de legitimación y dominación ideológica.

A continuación analizaremos las principales formas de alienación que muestra  sociedad actual.

I.-CONCEPTO DE ALIENACION

 

Este es un término de origen jurídico derivado del latín alienus, ajeno, que pertenece a otro (alien), y que se aplica en las ventas o cesiones. Así, alienar un bien equivale a regalarlo o a venderlo, es decir, transmitir a otro algo que era propio. Por extensión se habla también de alienación en un sentido psicopatológico, como sinónimo de pérdida de juicio o locura. El alienado es, entonces, el enfermo mental(enajenado) cuya mente está escindida. Estas formas de alienación suponen también un extrañamiento o alejamiento del que se aísla respecto de una norma o de la sociedad.

En sentido propiamente filosófico  este término  significa «extrañación», «distanciamiento» y «exteriorización», y expresan una extrañeza del sujeto respecto de sí mismo. No obstante, y aunque el sentido filosófico de la noción de alienación ha estado elaborado especialmente por Hegel, Feuerbach y Marx, ya en la filosofía del siglo XVIII aparece este concepto para referirse a la situación de un ser humano que depende de otro o de otros. Así, Rousseau identifica alienación con socialización mal realizada.

 

II.-LA ALIENACION EN EL TRABAJO

            Marx  considera que  los hombres son el producto de su trabajo. Por ello, la base de toda alienación debe buscarse en las condiciones económicas concretas del proceso de producción. Así, toda alienación tiene una base radicalmente (de raíz) económica y social. La causa de la alienación es la condición real (desigual) en la que el hombre se encuentra como consecuencia de su actividad productiva en determinadas condiciones históricas.La fundamental es la alienación económica, la que aparece ligada al trabajo humano hecho bajo determinadas relaciones de producción: las que se establece entre los que poseen los medios de producción y los que sólo disponen de su fuerza de trabajo. Tal como se presenta, en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 (editados en 1932), esta alienación, que también supone una escisión o descomposición se articula de la siguiente manera:

 

a)      objetivación del trabajador en el producto de su trabajo: el hombre es lo que es por medio de su trabajo; pero

b)      en esta objetivación se produce una enajenación, o alienación: el producto de su trabajo se le hace extraño al hombre, no le pertenece; por ello se produce

c) el dominio del objeto sobre el hombre: el hombre se convierte en siervo del objeto que él mismo ha producido. El trabajo alienado hace que todo el hombre resulte alienado: su «vida» no es, paradójicamente, más que «un medio para vivir».

 

 

En la alienación, pues, lo alienado no es solamente el producto, sino también el obrero, pues al consistir éste en su acción productiva, al ser desposeído de su mercancía, es desposeído de sí mismo: el trabajador se convierte en  una «cosa» más, una mercancía más.

De la alienación económica  surgen todas las otras formas: –la alienación social, que existe en la sociedad en forma de lucha de clases; –la alienación política, que se manifiesta en la separación entre sociedad civil y Estado; –la alienación filosófica e ideológica, que consiste en una  visión falsa de la realidad; -la alienación religiosa, que es la «conciencia subvertida» del mundo y aparece como el opio del pueblo.

            El trabajo en sí no es una forma de alienación, pero viene a ser enajenante cuando es externo al trabajador, cuando el trabajador no se afirma haciéndolo, cuando no es satisfacción de sus necesidades sino un medio para satisfacer necesidades fuera del trabajo.

El creciente empleo de las máquinas y la división del trabajo quitan al trabajo del proletariado todo carácter sustantivo y le hacen perder con ello todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un simple apéndice de la máquina, y sólo se le exigen las operaciones más sencillas, más monótonas y de más fácil aprendizaje. Por tanto, lo que cuesta hoy día el obrero se reduce poco más o menos a los medios de subsistencia indispensables para vivir y para perpetuar su linaje. Pero el precio del trabajo, como el de toda mercancía, es igual a su coste de producción. Por consiguiente, cuanto más fastidioso resulta el trabajo, más bajos los salarios. Más aún, cuanto más se desenvuelven el maquinismo y la división del trabajo, más aumenta la cantidad de trabajo, bien mediante la prolongación de la jornada, bien por el aumento del trabajo exigido en un tiempo dado, la aceleración del movimiento de las máquinas, etc.

La industria moderna ha transformado el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del capitalista industrial. Masas de obreros, hacinados en la fábrica, están organizados en forma militar. Como soldados rasos de la industria, están colocados bajo la vigilancia de una jerarquía completa de oficiales y suboficiales. No son solamente esclavos de la burguesía, del Estado burgués, sino diariamente, a todas horas, de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino, odioso y exasperante cuanto mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro. (…) Un vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante y ha recibido su salario en metálico, se convierte en víctima de otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.

K. Marx y F. Engels, Manifiesto del partido comunista.1º. Cuestión general: La alienación

y sus formas.

 

 

            “Nosotros partimos de un hecho económico, actual. El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuanto más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general.

 

 

Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa; el producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía política como la desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación.

 

Hasta tal punto aparece la realización del trabajo como desrealización del trabajador, que éste es desrealizado hasta llegar a la muerte por inanición. La objetivación aparece hasta tal punto como pérdida del objeto, que el trabajador se ve privado de los objetos más necesarios no sólo para la vida, sino incluso para el trabajo. Es más, el trabajo mismo se convierte en un objeto del que el trabajador sólo puede apoderarse con el mayor esfuerzo y las más extraordinarias interrupciones. La apropiación del objeto aparece en tal medida como extrañamiento, que cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanza a poseer y tanto más sujeto queda a la dominación de su producto, es decir, del capital.                

__________________________________________________

Manuscritos: Economía y filosofía, Alianza, Madrid 1986, p. 105.

 

 

 

Cuestiones :

1º. En el modo de producción capitalista, ¿son las máquinas una ayuda para la humanización del trabajo? ¿Cuál es su función?

2º. En el sistema de producción capitalista, ¿contribuye el trabajo a la liberación del hombre?

3º. ¿Que función tienen las innovaciones tecnológicas en el capitalismo, y al servicio de quién están, según Marx?

4º. ¿Podría establecerse algún paralelismo entre un régimen militar autoritario y la disciplina observada por los trabajadores de una fábrica o empresa?

5º. Señala la afirmación del texto que te parezca más razonable y critica la más discutible.

 

Los cambios producidos en la sociedad hacen que el análisis de la  alienación haya de ser ampliado. En la sociedad del bienestar el empleado no vende su fuerza física sino su fuerza psíquica. Para constatarlo basta leer algunos anuncios en donde “se solicita persona de…(se describe una serie de rasgos de personalidad) que presupone un hombre pre-fabricado. En definitiva, lo que el empleado vende son ocho horas de su personalidad.

También la alienación en el trabajo se produce a niveles gerenciales: ejecutivos,managers, directores de grandes empresas. Estos sujetos no tienen proyecto de vida, lo que  creen que es su proyecto de vida son los objetivos comerciales de la empresa. Como lo importante y decisivo es servir a la empresa y dentro de ella gozar de la mejor consideración, vive en una tensión laboral permanente. Esto da lugar a lo que se ha denominado “perfil clínico de los ejecutivos” en el que el estrés es el síntoma predominante. Pasados los cincuenta años el ejecutivo padece lo que los norteamericanos denominan el “breakdown” (una especie de “caer en la cuneta”): han agotado su vida en una actividad enloquecedora por ganar dinero –que consideran el principal medio para conseguir una supuesta calidad de vida que proporciona  felicidad- y no han tenido tiempo para ser felices.

 

En el marco de la sociedad tecnoburocrática de consumo dirigido, el trabajo ya no se considera tanto en función de la obra que realiza, como por los productos y ocios que permite consumir. En este sentido, la alienación en el trabajo se liga a la alienación en el consumo y en el tiempo libre. Veámoslo:

 

III.-LA ALIENACION EN EL TIEMPO LIBRE.

La utilización del tiempo libre es un fenómeno que en la actualidad  se amplía desde las minorías pudientes a amplios sectores de la población.

La tesis que vamos a defender es la siguiente: en la sociedad actual, no solo se consumen mercancías, sino también se consume tiempo libre, y esta forma de “consumir” el tiempo libre, constituye una forma  de alienación, ya que el tiempo libre no es libre en absoluto desde el momento en que es administrado desde la esfera política y económica.

Es sorprendente el dinero que se puede gastar para descansar, simplemente porque el tiempo libre se ha transformado en un consumo. No sólo se explota al hombre en el trabajo sino fuera de él; no solo en la fábrica (esfera de producción), sino también fuera (esfera del consumo).

En lo sustancial ese tiempo se llena de “entretenimientos”,es decir, actividades para “ser-tenido-entre”. En el tiempo libre el hombre es tenido entre dos tiempos de trabajo. Como explica Fromm, en realidad la gente “no es libre de gozar “su” tiempo disponible; su consumo de tiempo disponible está determinado por la industria, lo mismo que las mercancías que compra, su gusto está manipulado, quiere ver y oír lo que le obligan a ver y oír. La diversión es una industria como cualquiera, al consumidor se le hace comprar diversión, lo mismo que se le hace comprar ropa o calzado. El valor de la diversión lo determina su éxito en el mercado, no ninguna cosa que pueda medirse en términos humanos”.

Las diferentes formas de ocupación del tiempo libre, no constituyen en sí mismas elementos o factores de alienación. Sin embargo, buena parte de estos “entretenimientos” están inmersos en un circuito comercial y en el contexto de un sistema que expresa ciertos intereses  y que se sustenta en determinados valores y actitudes.

Al hombre-robot[1] que vive, o mejor “que está” en las grandes ciudades  en medio de una “muchedumbre solitaria” se le crea en el tiempo libre lo que Morin ha denominado “mundo imaginario”, que lo consuela y anestesia de la enajenación de la vida. La inversión que el sistema hace para ocupar los ocios tiene finalidades bien definidas por quienes detentan el control de la sociedad:  potenciar el consumo masivo y provocar actitudes vitales de conformismo y evasión.

Pero, ¿con qué se llena el tiempo libre?

A nivel de entretenimientos, éstos son múltiples y heterogéneos: desde el deporte, el cine y diversiones, hasta el más penetrante, que es la televisión.

En el football-el deporte más popular- los jugadores se compran y se venden, como en las exposiciones rurales se hacen con los animales. Además los deportes para masas tienen una función domesticadora: ellos son una catarsis colectiva que libera a gritos, las neurosis e histerias de productores y consumidores tensionados en su trabajo cotidiano…El deporte suele ser una forma de  “psicoterapia barata y accesible a la gran masa”, al mismo tiempo que se utiliza como narcótico para el pueblo, alejando de las mentes la peligrosa manía de pensar.

En la industria discográfica, se “fabrican” ídolos .Los cantantes se miden por lo que cobran en cada minuto de actuación  y se venden conforme a la imagen que hace de ellos la publicidad y a veces…sólo “imagen” en el sentido más estricto de la palabra. ¿Podrías poner algún ejemplo?

Por su parte, la prensa rosa está construida sobre una estructura de ensueño y evasión. La frustración de la propia vida, encuentra consuelo en la evasión por la lectura de vidas de “color de rosa”, que por otra parte son inexistentes en la realidad.

En la televisión cabe todo lo anterior: cines, deportes, estrellas…(el hombre medio de una gran parte de los países ve entre 800 y 1000 horas anuales de televisión).

Los efectos de la televisión pueden evaluarse en todas sus consecuencias si tenemos en cuenta dos hechos bien conocidos:

A)    la televisión es actualmente el medio de comunicación de masas más importante y efectivo por el número de aparatos de televisión, por el impacto que produce y por la posibilidad de llevar cine,deporte,canción…hasta la intimidad del hogar, tanto en el campo como en la ciudad;

B)     es “hija” de la televisión norteamericana que le vende films, estilo, directrices, todo lo cual constituye un importante medio de colonización pedagógica y de penetración imperialista.

Cuestión: ¿Podríamos hablar de cambios sociales importantes a partir de la introducción de un instrumento tecnológico como la televisión?¿Cuáles?

Por último,las vacaciones organizadas como forma de consumo colectivo que se llevan a cabo en determinadas épocas y lugares, también constituyen una forma de alienación en el tiempo libre, quizás la única, en donde el mundo imaginario adquiera formas de realidad. No para quien por su nivel de ingresos se pueden permitir todos los lujos y derroches, sino para aquellos que perteneciendo a las capas sociales medias y sectores obreros (¿dónde está curro? “curr-ante”), se hacen “servir” durante tres o cuatro semanas y asumen todas las conductas y actitudes del que tiene –o gusta- en tener sirvientes.

                        Pero, ¿por qué el mundo imaginario nos domina, o al menos nos impregna tan fácilmente en el tiempo libre?

Quizás para responder a esta situación habría que examinar el problema a partir de la vida cotidiana. ¿Cómo es la vida cotidiana de la mayoría de los hombres? Simplemente aburrida, monótona y standarizada. La cotidianidad, la vida rutinaria  agobia al hombre y por eso, éste necesita evadirse en un mundo imaginario. Este mundo imaginario anestesia al hombre espiritualmente, empuja al hombre a instalarse confortablemente en el vacío de sus vidas llenas únicamente de apariencias y a la vez le inutiliza para ser actores de la transformación del mundo. Es más cómodo apuntarse a ese mundo creado para nuestro exclusivo bien-estar (o sobre-estar) que plantearse cuestiones que amenazan  y perturban el modus vivendi consumista.

            El mundo imaginario cumple con funciones semejantes a las que la magia o la religión cumplió en otros tiempos. La cuestión es que el hombre no llegue a encontrarse a sí mismo, a ser él mismo, a leer con conciencia crítica la realidad en que vive, a preguntarse por el sentido de lo que hace y ,en particular, por el sentido de la existencia.

 

Actividades: Análisis, comentario y debate de los siguiente artículos:

                                 -“Diversiones”.

                                 -“Las asociaciones de telespectadores  convocan una jornada sin televisión”. Artículo que conectaremos con la alienación en la publicidad.

                         

IV.- LA ALIENACIÓN EN EL DINERO

“El dinero en cuanto tiene la propiedad de comprarlo todo, de apropiarse de todos los objetos, es, pues el objeto por excelencia. El dinero es considerado como el ser omnipotente”. Estas palabras de Marx  sobre la omnipotencia del dinero se apoyan en Shakespeare cuando en su obra Timón de Atenas, afirma: “El dinero que hace blanco lo negro,hermoso lo feo,justo lo injusto, noble lo ruin, joven lo viejo, valiente lo cobarde.” Vemos como el dinero posibilita la transformación de todas las cualidades humanas y naturales en sus opuestos, la confusión universal y la inversión de todas las cosas; convierte las incompatibilidades en fraternidad.

 

Con la aparición del capitalismo, la sociedad se vuelve mercado, todo se convierte en un medio y lo que ha de ser un medio, el dinero, es el fin. La sociedad de mercado es sólo una apariencia de liberación económica; en realidad se sacrifica al individuo y sus necesidades a las necesidades del mercado. El dinero aparece pues como un poder desintegrador para el individuo y los lazos sociales.

Como ha señalado Galbraith: “ la riqueza trae consigo tres ventajas fundamentales”:

  1. el goce del poder que presta al hombre
  2. la posesión real de todas las cosas que pueden comprarse con dinero.
  3. El prestigio o el respeto de que goza el rico gracias a su riqueza.

 

Si ganar dinero es lo importante, si el dinero permite realizar aquello a lo que más se aspira  o desea, a ese objetivo apuntará con fuerza todo el quehacer del hombre y en función de ello se organizará la sociedad. Como en teoría todos son llamados y en realidad pocos los que  pueden llegar, la competencia e incluso la violencia aparece como el medio de alcanzar los niveles mas elevados: en la sociedad burguesa las relaciones humanas existen mediadas por el dinero, el encuentro persona a persona es un hecho raro, atípico.

El criterio con que se mide el accionar es el  de ganar dinero: “los negocios son los negocios” dirá el burgués tranquilizando su conciencia, cuando ha aplastado a un competidor (darwinismo social). Lo bueno es lo eficaz para ganar dinero y de esta manera, las relaciones entre los hombres son generalmente indiferentes, disociadas y con facilidad se vuelven hostiles y agresivas. Lo importante es adquirir riquezas, todo lo demás queda minimizado; para alcanzarla valen todos los medios por deshonestos que sean: lo importante es el resultado final.

Y cuando los  intereses en pugna son poderosos, la glorificación del lucro y la competencia individual, trasformada en busca de poder económico a nivel de naciones, conduce inevitablemente a las guerras. El siglo XX ha sido triste testigo de esta realidad dramática.

Si el hombre debe vivir en guardia y a la defensiva frente a sus semejantes, la conocida frase de Hobbes: “el hombre es un lobo para el hombre”, constituye un agravio para esos animales.

Además a nivel individual, el drama del hombre es que en sus relaciones interpersonales  nunca puede saber si es reconocido como persona o por el lleno de su billetera.

 

– “Big Brother”, donde se analizará el vacío del hombre postmoderno y la adoración a ese ser omnipotente al  que hacía referencia Marx.

 

 

 

 

V.-LA ALIENACION EN EL CONSUMO

 

(((TYLOR)))

Mientras la  mayor parte de la humanidad no tiene lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas, la parte dominante del mundo está inmersa en una civilización del consumo. Estados Unidos es el principal centro exportador de los valores, significados, conductas y actitudes  propias de la sociedad de consumo. “Nuestra economía enormemente productiva, -escribía un asesor de ventas norteamericano-, exige que hagamos del consumo nuestro modo de vida, que convirtamos en rituales la compra y el uso de mercancías, que busquemos en el consumo nuestras satisfacciones espirituales, la satisfacción de nuestro yo…Necesitamos cosas consumidas, desgastadas, reemplazadas  y deshechas a un ritmo cada vez mayor”. 

El hecho es claro: el mundo actual está impregnado por el consumismo. Hay que tener en cuenta que, como es obvio, consumir no es alienarse. Pero el consumo cuando de ser medio pasa a ser fin en sí mismo se trasforma en alienación. El individuo está alienado en el consumo tanto cuando se le crean falsas necesidades, como cuando  los objetos materiales  le adormecen la conciencia crítica para la comprensión de la sociedad.

Consumimos cosas no por su valor concreto o por lo que son en sí, sino por su valor abstracto y por la carga psicológica  que contienen. Para Fromm, uno de los rasgos económicos del capitalismo, es el proceso de abstracción . “Es una cosa muy acostumbrada -nos dice- hablar de un puente  de  tres millones de dólares o de un reloj de cinco dólares, y esto no sólo desde el punto de vista del fabricante o del consumidor  en el momento de comprarlo, sino como carácter esencial del objeto”. Hablamos de los objetos como mercancías, en otras palabras, lo útil y lo bello del objeto es secundario respecto del valor abstracto. Fromm cita a Gertrude Stein, “una rosa es una rosa”, con el que protesta  contra esa forma abstracta de estimar las cosas.

La sociedad de consumo es al mismo tiempo sociedad del despilfarro, del “úsese y tírese”. La multiplicidad de objetos que ofrece esta sociedad tiene como contrapartida la rápida obsolescencia de los mismos. No sólo existe  desperdicio permanente, sino también, derroche irritante que tiene claras consecuencias sobre el medio ambiente del planeta. La sociedad de consumo planifica la aceleración del consumo en una triple dimensión donde multitud de productos (ordenadores, ropa,teléfonos móviles) se vuelven rápidamente obsoletos, anticuados:

obsolescencia de la función.-otro producto cumple mejor la función.

obsolescencia de calidad.-el producto se desgasta rápidamente.

obsolescencia de atractivos.-el producto se torna rápidamente “anticuado”.

 

La rueda enloquecida del consumo gira incesante sobre tres pivotes:

la publicidad que incita a consumir con independencia de las necesidades reales.

-el crédito o venta a plazos que permite comprar lo que no necesitamos con el dinero que no tenemos. Esta posibilidad de que la mayoría de la población pueda satisfacer algo más que sus necesidades básicas es lo que se ha denominado democratización del consumo (también Curro puede ir al Caribe). Y por último,

-la obsolescencia de los productos.

El consumo era un medio para un fin, el de la felicidad. Ahora se ha convertido en un fin en sí mismo…El hombre está hambriento de consumo. Se consume vacaciones, turismo, cultura, naturaleza, política y religión.

“¡No lo piense más!, ¡deje de reflexionar!, ¡compre  hoy, consuma hoy…pague después!”. Este consejo publicitario es típico y bien significativo en su contenido: “no piense” y “no reflexione”… El sistema necesita de ello, hay que cerrar los ojos y creer que comprando, consumiendo se ascenderá en la consideración social.

De este modo el hombre se siente constreñido a buscar más, a tener más, pero no sabe para qué. Se  neurotiza, vive ansioso por el “más-tener”, como entrampado en un accionar sin objetivo o meta definitiva. Se puede ser contestatario, se pueden hacer impugnaciones éticas y estéticas, políticas y sociales, con tal que no se actúe efectivamente para transformar el sistema. A quienes se atreven a eso hay que integrarlos o suprimirlos.

Pero para que el hombre se vuelva “habriento de consumo” es necesario que la sociedad configure en él una “psicología consumista” que se impone desde la más temprana edad a través de los medios de comunicación de masas. El niño es inducido a desear determinadas cosas, ya sean juguetes, revistas o productos, y algunos de estos no por lo que son en cuanto producto determinado, sino por los obsequios para niños que llevan consigo (vales, cromos, figuras, etc…). Lo que se pretende es que precozmente llegue a ser un consumidor autónomo.

Una vez creada la mentalidad de consumidor, la persona “naturalmente” ha de comprar al margen y más allá de sus necesidades reales. ¿Por qué ocurre esto?. Precisamente porque la psicología consumista configura un tipo de persona que cree que con más dinero se puede consumir más y que consumiendo más “vive mejor”. El ser es sustituido por el –más- tener que se transforma en un proyecto de vida.

El hombre al identificarse con esta sociedad, al conformar su voluntad a los preceptos de la sociedad de consumo, deja de ser él mismo para alienarse en el consumo. Pero además se aliena en los valores, actitudes y conductas en los que esa sociedad se sustenta. El hombre no actúa según su libre elección o convicción, sino que está  orientado por la coacción externa del conformismo social. “¿a dónde va Vicente? Donde va la gente” .Un ser mediocre y conformista, he aquí el producto de la psicología consumista: es como todos y como nadie.

Además hay que tener en cuenta que el fenómeno consumista no sólo se da en los llamados países desarrollados, sino también en los países del Tercer Mundo. Adviértase que no afirmamos que los países del Tercer Mundo sean sociedades de consumo, sino que en ellos se da también el fenómeno consumista en cuanto se importa a esos países los patrones de consumo propio de los países de mayor desarrollo industrial.

El consumismo imitativo de los países subdesarrollados tiene efectos enajenantes: mientras que en los países industriales la era del consumo se inicia dentro del proceso evolutivo de esas mismas sociedades a medida que aumentan su capacidad productiva, en los países  pobres y en vías de desarrollo, el ideal consumista entre por “efecto de demostración”, es decir, no como consecuencia del propio aumento de la producción, sino como efecto de un fenómeno de transculturación, tal como hoy es posible por los medios de comunicación de masas. La meta de estos países es llegar a convertirse en sociedades de consumo, lo cual tiene efectos negativos en tanto que, gran parte de los excedentes que podrían utilizarse para fines de desarrollo, se gasta o desperdician innecesariamente en el consumo de artículos suntuarios por quienes se encuentran en una situación de privilegio.

 

 

 Actividad: “Panfleto sobre el consumo” que analiza las consecuencias directas e indirectas (Tercer mundo) del sobre-estar.

 

 

            VI LA ALIENACION EN EL STATUS

            El dinero permite el consumo y el consumo nos da status . Esta es la dinámica: Trabajar para ganar dinero, dinero para consumir, consumir para tener, tener para adquirir status.

 El proyecto de vida del hombre en la sociedad está orientado a alcanzar este  objetivo básico: obtener status. A lo largo de la historia ha ido variando aquello  que otorga el status; en la sociedad feudal por ejemplo, otorgaba status el nacimiento dentro de un determinado grupo; en la sociedad liberal-capitalista en que vivimos, el tener dinero es lo que otorga status.

            La propaganda y la publicidad cargan psicológicamente y simbólicamente los productos. La persona consume, no ya el producto, sino lo que representa, lo que simboliza.  Se adquiere determinado tipo de automóvil para adquirir un símbolo portátil de personalidad y  status: es un objeto que sirve para satisfacer una meta hedonista, al mismo tiempo que sirve para “decir” a la gente que se tiene dinero, que se “progresa”, es decir, que se está trepando la pirámide del status. El objeto consumido se trasforma en signo visible y sensible de standing social.El dinero permite  consumir objetos mediante los cuales es posible adquirir los símbolos del status: automóvil, y no cualquier automóvil puesto que cuanto más grande y más costoso más status proporciona, una casa suntuosa, “top móviles” e incluso  bombones (Ferrero Rocher) entre otros muchos objetos que constituyen los indicadores de prestigio.

 

            Según afirman dos investigadores de Liverpool de la Economic Learning and Social Evolution que comenzaron su investigación respecto al uso de los móviles cuando quedaron sorprendidos al comprobar que en ciertos locales nocturnos  de Sudamérica muchas personas llevaban teléfonos falsos, “los hombres utilizan sus móviles como instrumento para el lck” .Lck es una palabra sueca que designa una forma de seducción muy utilizada para el apareamiento entre animales, algo así como la exhibición de las plumas de colores de un pavo real.

 

            Pero todos estos símbolos exteriores de status hacen o configuran una persona vacía que necesita aparentar (la vida y la existencia son como una ficción), pues su valor, conforme a los criterios que establece la sociedad, viene definido por el “tener” y no  por el ser.

            La alienación en el status se da en una doble dimensión:

-porque en definitiva el hombre se acomoda a la sociedad enferma en que vive y

-por los pseudo valores o falsos valores en que se sustenta y mantiene el status: el dinero y el consumo.

Como el dinero y el consumo se asumen como valores, la alienación en el status ciega la inteligencia del hombre, para ser consciente del menoscabo que sufre en su condición humana.

 

 

 

VI LA ALIENACION EN LA PUBLICIDAD

            La técnica publicitaria tiene por finalidad inmediata convertir a un público en consumidor de determinados productos creando deseos y necesidades artificiales apoyados en una escala de valores propios de la sociedad consumista. Por eso junto al producto, se venden valores. Se produce una enajenación del hombre con la intención de satisfacer las necesidades del sistema.

            La publicidad se sustenta en la psicología y ciencias sociales; necesitan estas disciplinas para un mejor conocimiento de los consumidores potenciales de determinados productos. Para ello y como tarea previa a toda campaña publicitaria se realizan estudios de marketing  e investigaciones de mercado no tanto para saber lo que la gente necesita o desea, sino para saber como reacciona con el fin de inducirla a comprar determinados productos o para que asuma determinados valores. Las técnicas publicitarias no tienen como cuestión central una preocupación por “lo que se desea”, sino por “lo que se debe desear” en función de los intereses y beneficios del productor, cuya finalidad, es el lucro.

La publicidad trata de los esfuerzos que, en gran escala  y a menudo con éxito impresionante, se realizan para cambiar nuestras decisiones en tanto compradores, así como nuestros procesos mentales, mediante el uso de conocimientos extraídos de la psiquiatría y de las ciencias sociales. Los esfuerzos suelen aplicarse en un plano que escapa a nuestra conciencia…con lo que resulta que a muchos de nosotros se nos influye y se nos manipula en mayor medida de lo que nos damos cuenta en lo que se refiere a las pautas de nuestra vida diaria. La publicidad sirve para vender la mercancía ya sea artículos, ideas, actitudes, candidatos, metas o estados de ánimo. Con la publicidad no se venden productos sino que se compran clientes.

Hay que tener en cuenta que no podemos confundir publicidad y propaganda. Ambas suelen ir mezcladas. En toda   publicidad hay propaganda pero no en toda propaganda hay publicidad. La publicidad pretende influir para que se compren determinados productos; la propaganda, en cambio, trata de ofrecer e influir en el ámbito de los valores.  Una difunde productos, la otra ideas y valores, pero una y otra tienen en común el ser formas de manipulación según los intereses de quienes controlan esos medios que, por otra parte, son quienes controlan los medios de producción.

Publicidad y sociedad de consumo, son elementos indisolubles: la publicidad no sólo crea demanda de bienes que satisfacen necesidades, sino que  crea necesidades, hasta el punto de llevar al consumo por el consumo mismo. Publicidad y manipulación del individuo son la misma cosa, con el agravante de que el individuo no tiene conciencia de que es manipulado ,  está siendo “formado” desde fuera, casi sin posibilidades de defenderse. Ya no se trata del anuncio del producto para que se conozca, se trata de presionar para que se compre. Podríamos hablar,como lo hace Roman Gubern, de “dictadura publicitaria” sobre nuestras vidas, nuestras costumbres y nuestras conciencias en la sociedad de consumo, aunque su tiranía se enmascare con la sonriente careta de la felicidad y la euforia de un paraíso perdido. De lo que se trata es de imponer significaciones y valores, e imponerlos como legítimos, encubriendo el hecho de que sean impuestos, creando así un estilo de vida.

En definitiva, la sociedad postindustrial, la sociedad de consumo convierte a todo aquel que es incapaz de plantearse críticamente la realidad en que vive en un sujeto extraño ante sí mismo,un sujeto alienado que se cree  libre,  se siente feliz y pretendidamente  autónomo.

 

 

 


[1] El término “robot” fue acuñado por el escritor scheco Karel Capek en 1920, procede de la palabra checa robota, que significa trabajo forzado.

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