Causalidades y casualidades

UN CINE,  UNA SUGERENCIA,  UNA REFLEXIÓN:
TRAILER: ¿Y si todo en la vida sucede por mera casualidad? ¿Y si no podemos escapar al destino? ¿Qué tiene en común Galois, Bauhaus y La insoportable levedad de ser? ¿Y si el sudor de nuestra frente nos puede salvar del polvo al que inevitablemente volveremos? Esta película plantea estas preguntas y muchas más. 3:19 es una historia sobre la amistad, el amor y el humor.

La fascinación que algunos científicos han sentido por estas “casualidades” ha dado lugar a diversas teorías sobre su sentido y el papel que juegan en nuestras vidas. A principios del siglo XX, el biólogo austríaco Paul Kammerer se sintió tan atraído por lo que llamó “coincidencias seriales” que coleccionó durante veinte años cientos de ellas. Se trataba sobre todo de hechos que tienden a presentarse en secuencias y que él definió “como una recurrencia coherente de cosas o acontecimientos similares que se repiten en el tiempo o en el espacio sin estar conectados por una causa activa”.——Algunos son tan comunes que la sabiduría popular ha inventado refranes para describirlos, como “hablando del rey de Roma, por la puerta se asoma”, “no hay dos sin tres” o “el mundo es un pañuelo”. Un ejemplo aportado por Kammerer nos bastará para ilustrar este tipo de “casualidades”.——El 18 de septiembre de 1916, su esposa esperaba turno en la consulta del médico cuando, al hojear una revista, quedó impresionada con el trabajo de un pintor llamado Schwalbach y pensó en comprarle algún cuadro. En aquel momento entró la recepcionista y preguntó: “¿Está la señora Schwalbach?, la llaman por teléfono”. ¿Quería decir esto que la señora Kammerer haría bien invirtiendo en la pintura de ese artista?

Las coincidencias guardan sus mensajes celosamente, en general, sólo pueden ser interpretadas por la persona que las experimenta y ésta nunca sabrá con certeza cuál es su significado. En cualquier caso, Kammerer vio en este fenómeno la manifestación de fuerzas inexplicadas en acción, e incluso escribió un libro, La ley de la serialidad, en el cual afirmó que dichas fuerzas posiblemente actúan de acuerdo con un principio universal de la naturaleza, tan fundamental y desconocido como la gravitación universal antes de ser descubierta.

Este principio físico operaría, según él, independientemente de la ley de causa y efecto y nos llevaría “directamente a la imagen de un mundo caleidoscópico que tiende a reunir siempre los factores semejantes”.——El asombro y desconcierto que producen las coincidencias recurrentes también queda patente en las historias en las cuales se “repite un hecho”, como la sucedida a los actores Michael Caine y Charles Chaplin. Ambos nacieron en Kensington, un barrio del sur de Londres; y, en las dos únicas ocasiones en que Caine sintió nostalgia de su antiguo barrio y decidió visitarlo de incógnito, se encontró “casualmente” con Chaplin, que también estaba dando un paseo nostálgico.——

Existen historias aún más raras, denominadas “salto en el tiempo”, como la que ilustra la experiencia del chófer de autobús británico D. J. Page. Durante la II Guerra Mundial, éste vio como su correspondencia era entregada por error a otro hombre llamado también Page y cuyo documento de identidad tenía el número 1509322, mientras que el suyo era el 1509321. Tiempo después de terminar la guerra, Page fue a reclamar a Hacienda los excesivos impuestos deducidos de su salario. Y comprobó que habían confundido su nómina con la de su viejo “amigo desconocido” Page, cuyo número de carné de conducir era curiosamente 29222, mientras el suyo era 29223.——Existen asimismo “resonancias” como la ocurrida al actor Malcom McDowell, mundialmente famoso por haber sido protagonista de La naranja mecánica. McDowell comenzó su vida laboral vendiendo café y fue representando el papel de un vendedor de café en la película Un hombre de suerte que habría de saltar a la fama.——La “resonancia” se produce a veces de forma espectacular entre personas muy distantes. Es el caso de dos gemelos de Ohio cuya historia fue relatada en 1980 por el Reader ‘s Digest. Tras ser adoptados por familias distintas y vivir alejados durante 39 años, se conocieron y descubrieron que los dos se llamaban Jim; ambos habían estudiado diseño industrial; se casaron con mujeres llamadas Linda y tuvieron hijos llamados James; se divorciaron y se volvieron a casar con mujeres llamadas Bety y, por si fuera poco, cada uno tenía un perro llamado Toy. ¿Quiere decir esto que los gemelos permanecían unidos a través de la distancia por un hilo tan sutil como desconocido?

Más fáciles de interpretar son las coincidencias recurrentes que trasladan los hechos “de la ficción a la vida real”, porque en ese caso parecen confirmar que la imaginación del escritor está inspirada por las musas. Así, cuando Norman Mailer comenzó su novela Barbary Shore, no sabía nada de espías rusos. Pero su protagonista se convirtió paulatinamente en uno de ellos. Acababa de terminar la obra cuando, en el mismo edificio donde vivía, fue detenido el espía ruso Rudolph Abel.——Este caso es incluso mucho menos extraño que la exacta predicción que los ficticios astrónomos de Liliput, país que Swift inventara en Los Viajes de Gulliver, hicieran de la órbita y el diámetro de los satélites de Marte, un siglo y medio antes de que éstos fueran descubiertos. Asimismo, en 1838 Poe describió, en Las aventuras de A. Gordon Pym, el fallecimiento de un grumete llamado Richard Parker, devorado por los supervivientes de un naufragio. Y, en 1884, el periódico The Times relataba la muerte de un grumete del m ismo nombre y en idénticas circunstancias que las imaginadas por el escritor. Fuente: wikilearning.com

DarkAlchemist:
Sincronicidad

La sincronía se presenta, en efecto, como la mediación o puente entre “mente y materia”, el mundo de la objetividad y de la subjetividad, la física y la psicología y en el límite, la ciencia y la paraciencia (pues la sincronía proporciona al parecer un modelo de explicación no causal para las técnicas adivinatorias e intuitivas, tales como la astrología o el I Ching.) Detrás de este planteamiento estaría una concepción cosmista en la que prevalece la idea de una “danza que conecta todas las cosas” de un modo no causal.
La interpretación sincronística de la naturaleza y la psique pretendería superar el modelo mecánico propio de la ciencia causalista-newtoniana. Lord Kelvin, a fines del siglo XIX consideró que la física había llegado a su fín, y que era entonces posible una explicación total del universo en los términos de la causalidad (apoyado en una concepción objetiva del espacio y el tiempo); esto es, un modelo mecánico de explicación basado en leyes fundamentales que dominarían las regularidades del cosmos.
Pero estas regularidades, o leyes naturales del modelo mecánico, serían ante todo aplicables a las magnitudes macrofísicas gobernadas por el principio de causalidad. Sin embargo, el modelo causalista-mecánico de las ciencias, basado en el método experimental, dejaría a un lado, según Jung y los partidarios de la sincronicidad, los sucesos “raros” (las excepciones de la regla) e impondría un tipo de respuestas que vienen ya determinadas por el tipo de pregunta (experimental.); con lo cual no seríamos capaces de captar la verdadera esencia de la naturaleza.
Ahora bien, se supone que llegada de la relatividad y la física cuántica (con su concepción de un tiempo y espacio relativos y la introducción del indeterminismo en los espacios microfísicos) vino a revolucionar este esquema mecánico. Con ello, se llega a la concepción de un universo en participación (Bohr) en el que la figura del observador imparcial es sustituida por la del participante que influye en los fenómenos naturales (según el principio de Heisenberg)
Por ello, moderna física ha convertido en inseparables la figura del científico y de su ciencia. La física y el físico ya no serían separables. Ahora bien, el indeterminismo que se observa en las escalas cuánticas no tiene porque servir para explicar las escalas macrofísicas, por la llamada “ley de los números grandes”. De aquí que la visión causalista no quede completamente negada.
El antecedente de la idea de causalidad lo encontramos en Kammerer y sus leyes de la serialidad. Pero los hechos recogidos por Kammerer solo contiene acumulaciones de azar cuya única legalidad es la ley probabilística. Por lo tanto, no habría que estipular ningún “motivo oculto” parar la ley de la serialidad.
Las sincronías no son sucesos seriales, no surgen de la acumulación estadística de hechos corrientes, sino que son “conexiones acausales” que tienen lugar por medio del significado que revisten para el sujeto que las experimenta. Según esto, Jung refiere la existencia de un orden causal y otro orden acausal paralelo, o conexión transversal significativa. Además, conviene distinguir sincronicidad de sincronismo, pues no se trata de la coincidencia en el tiempo de dos sucesos, sino la simultaneidad de un estado psíquico y acontecimientos externos. La esencia de la sincronicidad residiría, ante todo, en esta carga psíquica emotiva (frente a las neutrales coincidencias de Kammerer) Jung refiere el conocido ejemplo de una paciente suya cuya excesivo racionalismo le impedía una mejora terapéutica. Una vez esta paciente le contó a Jung que había soñado con un escarabajo de oro (símbolo de renacimiento en la mitología egipcia), y en ese preciso momento un escarabajo dorado se estampó contra la ventana de la consulta. De este modo, es como sí las formación de patrones inconscientes fuera acompañada de patrones físicos exteriores. A la noción de serialidad de Kammerer habría que añadir, por consiguiente, la noción de significado que Jung imprimió a la idea de sincronía, con la colaboración de Wolfang Pauli. Gracias al descubrimiento, por parte de Pauli de un principio de exclusión añadido a la mecánica cuántica que reconocía un patrón abstracto y acausal por debajo de la superficie atómica de la materia, fue posible entender la sincronía como un “principio conector acausal”, llegándose con ello a una conjunción de la psicología y de la física. 

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