Astronomía y arte

Posted in Astrofotografía by Alex Fernandez – Sep 7, 2008

La inspiración de los artistas ante el cielo nocturno no es cosa de la ciencia moderna. Artistas de otras épocas también se sentían conmovidos por la belleza de las estrellas.

Dos ejemplos de la fértil auqneu difícil relación entre arte y ciencia pueden encontrarse en la obra de dos de los máximos artistas del siglo XIX: el poeta estadounidense Walt Whitman y el pintor holandés Vincent Van Gogh. A mediados del siglo XIX, Whitman en su obra maestra “Leaves of grass”, encontramos esta poesía dedicada a la astornomía:

“Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando las pruebas, las cifras se ordenaron en columnas ante mí,
cuando me fueron enseñados los cuadros, los diagramas, las sumas, divisiones y medidas,
cuando sentado escuché al astrónomo que en la sala de conferencias conferenciaba entre aplausos,
cuánto y qué pronto me sentí hastiado y cansado,
hasta el punto de incorporarme, escabullirme y partir solo
hacia el místico aire húmedo de la noche, donde de vez en cuando
contemplé en perfecto silencio las estrellas”

Resulta difícil expresar de manera más eficaz e incisiva el abismo de incomprensión abierto en el siglo XIX entre el arte y la ciencia: por un lado, los términos altisonantes del lenguaje para “iniciados” y los contenitdos tecnicistas de una comunidad científica que a menudo tendía a permancer recluida en los laboratorios y las academias; por otro, la imaginación, los sentimientos y las emociones de un poeta completamente sumergido en el torbellino de un mundo en el que todo estaba cambiando y en el que la relación del hombre con la naturaleza ocupaba el centro de las transformaciones.

Los cielos de Van Gogh

Casi al mismo tiempo, sin embargo, la ciencia (y en particular la ciencia de la astronomía) comenzó a desempeñar un papel diferente: el de base para la consturcción de una nueva visión del mundo, una visión del mundo alejada todavía de las propuestas de las filosofías y las religiones tradicionales, pero menos árida que la ofrecida por cierto positivismo mecanicista y capaz de suscitar entusiasmo, emociones e incluso inspiraciones estéticas nuevas. El ejemplo más convincente nos lo proporciona uno de los artistas que se han convertido en mitos de nuestro tiempo: Vincent Van Gogh.

En la madrugada del 19 de junio de 1889, menos de un año antes de su muerte y tras un periodo de recuperación en una clínica para enfermos mentales en el sur de Francia, Van Gogh pintó uno de sus cuadros más célebres y más reproducidos: “La noche estrellada”.

En este cuadro, el cielo no tiene el aspecto sereno y tranquilizador descrito por Whitman, sino que se presenta como un torbellino de luces y movimientos: un tumultuoso océano celeste que domina y prácticamente aplasta el sereno paisaje terrestre.

Van Gogh pintó el cuadro observando atentamente el cielo real y que las luces se correspondieran con la posición efectiva en el firmamento de los astros: la Luna, Venus (abajo, cerca del horizonte) y la constelación de Aries.

Por otro lado, los torbellinos luminosos en el centro del cuadro no se corresponden con ningún objeto celeste distinguible a simple vista, pero están inspirados probablemente en las primeras imágenes fotográficas, publicadas a fines del siglo XIX, de los cometas y las nebulosas imágenes que hoy nos resultan habituales, pero que entences revelaban por primera vez al gran público objetos celestes “exóticos”, normalmente visibles sólo con telescopios.


Otro cuadro de Van Gogh del café Arles en el que también
incluyó las estrellas que eran visibles en ese momento.

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